Datch Waifu

Datch Waifu, ¿el sexo que nos viene?


Los japoneses, pioneros siempre en la exploración de los límites de la sexualidad, han dotado de normalidad lo que por aquel entonces parecía aberrante. Datch Waifu representa la popularización (y por tanto, su normalización) de la sex doll de toda la vida, la muñeca inflable, pero con tales toques de realismo que roza lo bizarro. Las Datch Waifus están construidas con látex, silicona y vinilo, simulación de carne y piel que recubre un esqueleto metálico con infinitud de articulaciones. Sus acabados con cabello natural permiten su personalización hasta límites insospechables, de manera que cada una de ellas es única e irrepetible, una preciada pieza de coleccionismo fetichista. El cliente escoge las medidas de sus atributos, de sus nalgas y sus pechos, su expresión y las frases que más le gusta escuchar de labios de una amante. Dispone además de un nutrido surtido de vestuario y de productos de cosmética que les permite cambiar el aspecto a gusto de sus “amos”.

Unos 650.000 yenes (al cambio alrededor de 4200 euros) separan a un hombre de encontrar su perfecta partner sexual, o de mantener una relación poliamorosa con cada una de las incorporaciones a una colección en la que cada Datch Wafu tiene su propia entidad y características físicas. Para los más freakies del sexo no convencional, es la oportunidad de crear un harén que no envejece, con garantías de por vida, y sin peligros de rebelión ni de guerra de sexos. Demasiado tentador como para arriesgarse a un frustrante retorno a la realidad.

Me pregunto cuándo llega el hastío en una relación de este tipo, pura inteligencia artificial limitada a un puñado de frases tópicas de cine porno. Hago cálculos…. 4200 euros me permiten un buen puñado de masajes tántricos con mujeres reales, distintas, bellas en su compleja individualidad, auténticas y alejadas de la ciencia ficción. Y entonces guardo mi talonario de cheques, saco unos billetes, y me entrego al sexo ancestral, lento y sin prisas, de ese erotismo tántrico que tantas alegrías me sigue dando a día de hoy.

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