dolor y placer

Dolor y placer


¡Sorprende constatar que la investigación científica ha estado investigando el dolor y el placer de manera independiente, cuando tienen tantísimo en común!

“La señal de una suave caricia en la nuca viaja hacia el cerebro por los mismos nervios que si de repente se convierte en un arañazo. Sin embargo no se activan las mismas áreas cerebrales. Ínsula, tálamo, zonas específicas de la corteza cerebral o niveles de transmisor responden de forma diferente en función de la información sensorial que les llegue, pero también de cómo interpretamos el estímulo. Ese mismo arañazo puede generar dolor si es fortuito e inesperado, o placer si tiene lugar en pleno acto amoroso. Pero la relación entre placer y dolor es mucho más compleja y profunda que esto”.

“¿Qué significa erotizar el dolor? ¿Dónde está la frontera sensorial que hace que un pellizco en el pezón pase de ser sensual a doloroso? ¿Y por qué esa frontera aumenta con la excitación sexual?”

“Siri Leknes es una de las investigadoras más reconocidas en el estudio de la relación entre dolor y placer. Explica que existen varias hipótesis sobre la relación entre placer y dolor -tanto psíquico como físico- tanto en masoquistas como en no masoquistas, un primer mensaje: los primeros parecen no tener ninguna sensibilidad diferente a los segundos.

Los masoquistas no se habitúan al dolor, primero, porque el dolor no disminuye con la exposición, nadie se habitúa al dolor de espalda, hasta que deja de dolerle…Quizá nos podamos acostumbrar a sentirlo, pero nunca desaparece, ya que es una señal imprescindible evolutivamente hablando. Y segundo, por las propias declaraciones de los masoquistas, que no creen tener más tolerancia al dolor. Todavía hoy no se han estudiado diferencias fisiológicas entre practicantes habituales de BDSM y personas convencionales…”

Referencia. La ciencia del sexo, Pere Estupinya, pp344-350.

“Es interesante preguntarse sobre la erotización del dolor en momentos de excitación sexual, un primer paso para entender esta relación, es asumir que placer y dolor son un continuo. El cuerpo busca que restauremos su equilibrio interno lo más rápido posible, y en este sentido, eliminar el dolor o malestar genera placer. Es decir, el propio hecho de que el dolor disminuya aumenta el placer, pero, ¿cómo se interpreta esto en el cerebro?

Una parte se explica por la relación neuroquímica entre el sistema opiáceo involucrado en la sensación de dolor y el dopaminérgico del placer. Hay un efecto que es muy claro: el placer sexual incrementa la dopamina, que a su vez induce la liberación de opioides generando un efecto analgésico que induce alivio y aumenta el umbral del dolor”.