placer femenino

El placer femenino


“En la vida erótica humana, el goce emerge estrechamente ligado a una suerte de vivencia de muerte natural, pequeña muerte o bella muerte en la inmersión de ondas voluptuosas donde se pierde el nombre por un instante más o menos breve, pero de la cual se resucita jubilosamente. Las representaciones se borran y el lenguaje adquiere un carácter primario.

El placer preliminar constituye a la vez fuente de descarga de pulsiones parciales y antesala del goce, en tanto es puerta de entrada al concierto de los sentidos que, aunados a las pulsiones (de vida, de muerte), se dirigen de acuerdo con el ritmo erógeno de cada sujeto y las circunstancias especiales de cada situación hacia las regiones de un placer mayor.

El sujeto humano teme el despliegue del goce pues le aproxima vivencias de despersonalización. Por eso es frecuente encontrar ausencia de goce, tanto en hombres como en mujeres, y una neta preferencia por las experiencias de un placer controlado, también sumamente gratificante, por otra parte. Pero el poder sobre el control es pura utopía. La pasión puede sorprender y arrastrar en mayor o menor medida.

La mujer puede conocer delicias erógenas independientes de la discriminación topológica. Las zonas erógenas se desplazan y ceden su erogeneidad las unas a las otras configurándose una especie de “baño de erogeneidad” totalizante.  Además, las historias, recuerdos, vivencias generan zonas erógenas únicas y particulares para un determinado sujeto en un tiempo vivencial dado. Para la mujer todo el cuerpo es pasible de devenir zona erógena que como epicentro múltiple despliegan oleadas sensoperceptivas y ondas voluptuosas que se difunden. No hay ley que estipule cómo se debe acceder al placer y al goce. El orgasmo puede ser oral, anal, clitorídeo, vulvar, vaginal. Al fluir los orgasmos se expanden caprichosamente por el cuerpo de la mujer dibujando un mapa arbitrario de zonas erógenas cambiantes e inesperadas.

Se pueden distinguir los orgasmos orificiales (desencadenados desde las zonas sensitivas internas tales como vagina, el recto, la boca) de los orgasmos de superficie (sensitivos externos), en los cuales la combinación de estímulos sensoriales y sobre todo los contactos epidérmicos (piel a piel) juegan un rol fundamental.”

Referencia: La sensualidad femenina. Alcira Mariam Alizade. Amorrortu Editores.Buenos Aires, 2008

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