tantra

El Tantra I


“Me sorprenden y maravillan, por ejemplo, las imágenes de (vulvas) ceremoniales utilizadas en el culto en diversas épocas. Por ejemplo, la imagen de piedra de una escultura de Hyderabad del siglo XI en que la diosa aparece tendida boca arriba y con los muslos entreabiertos mostrando claramente su yoni amplio y mullido, de manera que puedan ponerse sobre él las ofrendas. O una talla de una vulva triangular del siglo XIX ejecutada en madera, rodeada de preciosos motivos decorativos y manchada con el polvo coloreado propio de las ofrendas de los templos. El tantrismo moderno, es verdad, nada tiene que ver con estas tradiciones ingenuas y toscas que nos recuerdan a los cultos campesinos primitivos, con su insistencia en la fuerza animal y en la procreación, pero uno no puede dejar de admirar una cultura que adora a la divinidad bajo la forma femenina y elige como símbolo el órgano sexual.”

“También en Occidente sucede lo mismo, aunque a lo largo de nuestra historia la adoración de la diosa ha adoptado formas más simbólicas o más temerosas. Es difícil hablar de estos temas sin hacer que todo el mundo sonría o se sienta incómodo, pero, ¿qué es la Rosa del Roman de la Rose, poema alegórico francés del siglo XIII? ¿Por qué Venus aparece flotando sobre la valva de un molusco en el cuadro de Botticelli? ¿Por qué Dante hace que los últimos cantos del Paraíso, cuando incluso Beatriz, que de cualquier modo simbolizaba la teología, ha desaparecido ya, se desarrollen en una inmensa rosa? Esta rosa apenas descrita, en cuyos escalonados pétalos de luz hay ejércitos de ángeles y de bienaventurados, es la verdadera representación del cielo, y la extenuación final de toda su inmensa búsqueda de lo que Goethe llamaría el eterno femenino.”

«El alma –escribe Nietzsche en Así habló Zaratustra– no es más que una parte del cuerpo». Pero esto no es verdadero pensamiento tántrico, ya que lo que pretende Nietzsche en este pasaje es negar el alma. Comparémoslo con este otro pasaje, obra de un espíritu que sí era verdaderamente  tántrico:

La curiosa simpatía que uno siente cuando acaricia con la mano la carne desnuda de un cuerpo,
los circulares ríos del aliento, y la respiración que entra y que sale,
la belleza de la cintura, y también la de las caderas, y de allí hacia abajo hasta las rodillas,
las finas gelatinas rojas de tu interior o del mío, los huesos y la médula de los huesos,
la exquisita realización de la salud,
¡oh, afirmo que no son partes y poemas del cuerpo solamente, sino también del alma!
¡Yo os digo que son el alma!

Referencia: http://www.revistadelibros.com/blogs/del-mundo-flotante/tantra

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