budismo

Tantrismo & Budismo


El monacato budista es una de las más antiguas tradiciones monásticas del mundo: su historia se remonta al siglo VI antes de nuestra era.

En el inicio de este movimiento se encuentra un jefe religioso conocido como Buda, que vivió en el norte de la India entre los años 560 y 480 a.c y ensalzaba la “verdadera felicidad” y los medios para alcanzarla. Las reglas de la comunidad se le atribuye a Buda, sin embargo los preceptos y los principios de la comunidad se elaboraron posteriormente durante los primeros siglos de esta organización. Por tanto el budismo surgió como un movimiento de “renunciantes” entre los movimientos contemporáneos semejantes en contra del Brahmanismo (religión intermedia entre la religión védica y la hinduísta).

Así también, desde hace más de un milenio el tantrismo se constituyó como un elemento esencial de la vida religiosa y del pensamiento filosófico de la India. De él derivan algunos de los aspectos fundamentales del hinduismo antiguo y moderno: el culto a la diosa, la ciencia de los mantras, la sexualidad ritual, los mandalas o diagramas místicos…

El tantrismo en su componente espiritual y culturalmente más elevado, el del shivaísmo identifica en el sujeto individual a nivel profundo una estructura soporte/limitante   ( las corazas) que actúan como unión entre la esfera puramente material y la espiritual. Son esas corazas las que constituyen la dimensión energética, intelectual y pasional/emocional/deseante (vistas no como compartimentos estancos sino como realidades estrechamente entrelazadas una con otra) las que tienen a los humanos suspendidos entre el espíritu puro y la materia pura. Son ellas las que constituyen el lugar privilegiado donde se juega la aventura humana, y las que actúan, tanto como medio de atadura como de liberación.

Por lo tanto el tantrismo considera al hombre en la concreción de su cuerpo y de su conocer-actuar-sentir como la verdadera encrucijada del universo (a los dioses le está vedada la liberación).

A la búsqueda brahmánica de la pureza el tantrismo le contrapone, pues, la búsqueda de la energía, partiendo de aquellas micro energías que anidan en la misma realidad ordinaria  del ser humano, afinándolas, potenciándolas. De ese modo el hombre irá tendiendo a coincidir con la divinidad, que constituye su naturaleza esencial, divinidad que es movimiento, energía en estado puro. Para ayudarle en este viaje circular del cual la realidad cotidiana constituye a la vez el punto de partida y de llegada, el hombre tántrico dispone de sus propios instrumentos: una tradición especial revelada a través de los mantras y una serie de medios de realización espiritual como el conocimiento, el rito y el yoga.

Mantras: en las meditaciones los monjes recitan sin cesar los mantras, antiguas formulas sagradas traídas de la India que ni si quiera se han traducido al tibetano, ya que su sonido es mucho más importante que su significado.

Fuentes: “El monje Budista” de Mohan Wijayaratna y “El tantra, la tradición hindú” de André Padoux

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