androgino

Ensayo Ars Erótica I, Andrógino


“Aristófanes expone en El Banquete de Platón el mito de un animal esférico que reunía en si al hombre y la mujer. Bestia valiente y fiera que desafía a los dioses y por ello Zeus la castiga partiéndola en mitades iguales -el ombligo es un rastro, una marca de la escisión.

Mito amoroso que plantea a la cópula como el remedio de la unidad perdida: las mitades se sacian en la fusión libidinal. Esta genealogía platónica del deseo que se expande al cristianismo y se consolida con el amor cortés en el siglo XII y XIII, a través del mito del amor romántico (algo habitual en las representaciones fílmicas de Hollywood) se apoya en tres pilares: el deseo es falta y es una energía que reconquista la unidad perdida (lectura que también condena toda  relación no heterosexual), la pareja es la forma por antonomasia de la unidad recobrada (dirigiendo al deseo a su desaparición y reduciendo a la mujer al rol de madre), y, por último, la división de dos formas: el sexo como pura materia, sucio e impío, o el amor sentimental y “limpio”.

Esta mitologización del andrógino, de la otra mitad perdida (media naranja, príncipe azul) tiene consecuencias evidentes: el matrimonio, la neurosis familiar, la doble moral, la hipocresía y el engaño, la monogamia falaz, la libido melancólica, la misoginia, el adulterio”.

“Ya señaló Michel Foucault en su Historia de la Sexualidad (1976-1984) que si bien muchas civilizaciones tienen una ars erótica –China, India, Japón, Nepal, Arabia, Grecia y Roma la modernidad de Occidente se ha dirigido más bien a hacer de la experiencia sexual una cuestión científica: la llamada scientia sexualis. Desde el sacerdote al psicoanalista, del confesionario al diván, el hombre occidental fue un animal de confesión, y la sexualidad un dispositivo a ser contado, registrado, culpabilizado, patologizado y normalizado. Por ende, la tradición de una erótica como estética del vivir, por fuera de la normativa reproductora/familiar, siempre ha resultado problemática para nosotros, occidentales”.

“Sin embargo, resulta clara una lógica del placer sexual a través de diferentes épocas y autores de Occidente: así es Platón quien abre la interpretación del deseo como carencia (que llega hasta Freud), mientras que Ovidio elogiará el eros ligero y libertino, una erótica celebratoria como respuesta al platonismo. Por su parte, el filósofo Michel Onfray en “Teoría del cuerpo enamorado” (2002), propone una genealogía del deseo cuya intención señala en el prefacio: “la fisiología manda, la cultura sigue”.

La erótica que Onfray denomina solar está anclada en las siguientes hipótesis: el deseo es exceso que pulsa por salir, el placer es gasto que se dispensa y la disposición es el contrato de solteros y pares libres. En el marco del proyecto de deconstrucción del ideal ascético, reproductor, productivista y consumista, Onfray plantea una erótica donde los cuerpos estén libres del funcionalismo social y productor. Serán los filósofos atomistas -Leucipo y Demócrito quienes planteen, contrariamente a Platón, que el deseo es un tema meramente físico. “La eyaculación del enamorado y del onanista son iguales”, señala Onfray. El deseo, entonces, es un excedente que pugna por salir del cuerpo, no una “falta” que debe ser cubierta”…Continúa en Ensayo sobre Ars erótica II.

http://www.encubierta.com/2014/07/hedonismo-libertario-ensayos-sobre-erotismo-y-pornografia-de-luis-diego-fernandez-innisfree/#.VKru4yuG-Ig

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