erotismo septimo arte

Erotismo en el séptimo arte


Desde los tiempos del cine mudo, muchos directores ya demostraban verdadera fascinación por lo erótico de tal modo que en Hollywood se creó un código moral, llamado Código Hays, para “poner coto” a los cerebros más imaginativos o perniciosos. Tal manual se mantuvo en vigor por más de 30 años hasta que fue finalmente abolido en 1967. Según este código, en las películas no podrían verse escenas de cama, ni desnudos, ni ninguna referencia a la homosexualidad. Hasta los besos estaban bajo severa inspección. Pero la que muchos clasifican como el primer largometraje de éstas características data del año 1933 y se llama Éxtasis. De origen checoslovaca, tuvo una enorme repercusión en la sociedad de la época. Pero como todo lo prohibido es mucho más interesante, paralelamente empezó a crecer una industria marginal para dar cabida a las películas censuradas. Gran parte de estas producciones era filmaciones de actos del llamado teatro burlesque, compuesto por bailes exóticos protagonizados por bailarinas en ropa liviana – o directamente sin ella – stripteases y imágenes por el estilo, en fin, material totalmente inofensivo.

Actualmente, solemos calificar una película como erótica cuando hay elementos que mayoritariamente sugieren el acto sexual, pero lo que prima es sobretodo la sutileza. En cambio, en largometrajes calificados como pornográficos es todo más explícito y exagerado. Es decir: una película erótica nos ofrece más elementos para fantasear con nuestro/a pareja, dejando abierta la puerta a la imaginación, mientras que en una película porno pasamos a ser espectadores de actos sexuales, que en muchos casos llegan a ser monótonas ya que cercenan – y mucho – nuestra capacidad de recrear ambientes y situaciones, aun así, la fantasía ocupa un lugar destacado. Además, no hace falta que una película sea erótica para introducir elementos eróticos en ella, ya que si en una buena historia introducimos en el momento adecuado una buena dosis de erotismo esta puede subir muchos puntos y hacernos disfrutar con todo el arsenal que tenemos a disposición en nuestra imaginación. Tampoco hace falta un desnudo integral, muchas veces la simple insinuación del desnudo puede introducir una carga de erotismo mucho más combustible que el desnudo en si.

Y desde entonces mucho ya se ha hecho, visto, comentado y discutido. Entre las películas eróticas por excelencia no podría dejar de citar El Último Tango en París (Bernardo Bertolucci, 1972), una obra que hasta hoy no deja indiferente a nadie, El Imperio de los Sentidos (Nagisa Oshima, 1976), Nueve semanas y media (Adrian Lyne, 1986), Ojos bien cerrados (Stanley Kubrick, 1999), Lolita (Stanley Kubrick, 1962, que ha ganado hasta una segunda versión, en el año 1997, del director Adrian Lyne), entre muchas otras. La lista puede llegar a ser infinita, pero mucho más infinita será siempre nuestra imaginación.

Fuentes: www.wikipedia.org www.taringa.net

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