Jugamos

¿Jugamos?


Un par de coletitas, aquel camisón de cría que te regaló tu tía cuando tenías 15 años, es tu profesor, te sientas sobre las rodillas de tu amante rozando sus genitales y…¿jugamos?

Para quién no concibe el sexo como obligación, percibirlo como un juego se convierte en un divertimento en el que puedes interpretar el papel que te venga en gana sin que nadie te tache de perversa, aunque fantasear con ser una alumna lolita imprudente…

“Fantaseo que tengo 19 años y estudio segundo curso universitario. Recuerdo que desde que tenía unos doce años me gustan los profesores ( los que están bien). He acudido a reclamar un examen y él comienza a mirarme el escote, Yo rodeo su mesa y me siento en sus rodillas, pegada a él. Entonces empieza a acariciarme la cintura, los muslos, los pechos…nos besamos y acabamos haciendo el amor sobre su escritorio. Me trata como una niña, me enseña nuevos juegos y posturas…”

La figura del profesor despierta el morbo de seducir a alguien que se supone superior, hay una admiración intelectual de la alumna “lolita” hacia el maestro, es una cualidad que la mayoría de las mujeres valora para enamorarse de un hombre. Es un estimulante papel a interpretar en la pareja…

Sentirse “lolita” en brazos de un hombre adulto que cae rendido ante nuestro encanto y sabe como manejar la situación, resulta altamente sugerente y erótico. En igual medida que para el hombre, seducir a una “lolita” le provoca morbo y excitación. ¿Jugamos?

Referencia: Dímelo al oído. Sexualidad y pareja. S.Fuentes/L.Carrió

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