caricias

Las caricias estremecen nuestro cuerpo


Hay millones de posibilidades de que un simple roce nos produzca un pequeño escalofrío, tantas como terminaciones nerviosas alfombran nuestra piel.

Somos un auténtico campo de sensaciones que rara vez se desactiva. Pero hay que saber cómo recorrerlo: en algunos sitios hay que acariciar fuerte y en otros suavemente y en otros no siquiera acariciar por su alta sensibilidad.

Lejos de quitarle la gracia a cualquier otra forma de juego erótico, quiero contaros que un equipo de científicos descubrió que no es necesario solamente tocar las zonas genitales para sentir placer; porque las caricias más placenteras son las que recorren la piel entre 1.3 y 10 cm por segundo, esta es la velocidad de caricia perfecta en un masaje erótico.

Pistas no faltan para determinar el poderoso influjo de la palma de la mano deslizándose sobre un cuerpo desnudo.

La piel, entre sus posesiones, alberga el tacto, y sólo éste tiene la llave del orgasmo. A los hombres (con un nivel cuatro veces mayor de testosterona que una mujer) les excita la simple visión de los pechos de una mujer así también las piernas, el trasero, el cabello, los ojos y la boca, un susurro en el oído, un jadeo, a veces un olor; es capaz de desatar el maravilloso deseo. Las caricias en las caras internas de los muslos, en las zonas púbicas y perineales desatan un torrente sanguíneo que llena los capilares de los cuerpos cavernosos que conforman el pene hasta pintarle del llamado rubor del sexo.

La naturaleza nos incita a seguirá acariciándonos, pues acariciar es explotar los sentidos y dar tiempo, aprender de la sutileza y suavidad.La caricia provoca una mayor cercanía e intimidad ya que es un acto silencioso y cálido, que dice muchas cosas que quizá el coito en sí mismo es incapaz de transmitir.

Inés

 

Referencia Bibliogŕafica: “La ciencia del Sexo”

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