Tantra en Barcelona

Las dos esclavas, por Renato d´Herblay


“De origen griego, pequeña, morena, con un cuerpo vivaz y un rostro de rasgos algo toscos pero muy sensuales, era la única esclava del gineceo que conservaba su virginidad, por motivos rituales: había sido consagrada al culto de la Diana cazadora. Ella decía que eso era magnífico porque el verdadero amor es de naturaleza espiritual y apenas si precisa de la carne. Sus compañeras sospechaban que esas razones ocultaban una profunda insatisfacción. Y seguramente no se equivocaban, a tenor del carácter áspero de la esclava griega y de sus respuestas casi siempre bruscas.”

“Llevaba una vida solitaria. Tal vez por eso, cuando llegó la esclava nubia se hicieron amigas. También influyó, seguramente, que era bastante mayor que ella. Solían pasear al atardecer y hablaban y reían. Se complementaban muy bien, hasta el punto de que la morena decía que entre las dos había afinidades electivas.”

“La esclava griega estaba fascinada por la esclava nubia. Sin darse cuenta, terminó por enamorarse de ella. Por supuesto, no podía aceptar ese amor que latía en las profundidades de su alma. Era imposible que lo percibiera y, como es la regla en estos casos, el amor se transformó en odio. Ya que tampoco podía aceptar que ese odio nacía de sus entrañas, lo proyectó al exterior y comenzó a agredir a la esclava nubia, a la que acusaba de perseguirla y de odiarla.”

“Fue inútil que la nubia tratara de explicarle que sentía un gran afecto por ella. Un día, en el colmo de su furia, la esclava griega acusó a la nubia de ser un hombre, precisamente, el hombre que ella odiaba (después de haberlo deseado, claro). La esclava nubia no podía dar crédito a lo que oía. Tan sorprendida estaba que le ofreció a la otra mostrarle su cuerpo desnudo. La griega aumentó su cólera y la acusó de rendirle culto a Safo y de querer seducirla. Fue el fin. Consciente de que allí había un peligro intenso, la esclava nubia se alejó y así alejada se mantuvo.”

“Aquella noche hacía mucho calor. En su pequeña tienda, la esclava nubia, desnuda, estaba acostada y algo somnolienta. La distraían los ruidos siempre imprevistos de las noches cálidas. Súbitamente, tuvo consciencia de no estar sola. Giró y se puso de espaldas. Se encontró ante la esclava griega desnuda, con los ojos abiertos, fijos en el infinito, como en un trance. No supo que hacer y esperó casi sin respirar.”

“De golpe, la esclava griega se arrojó sobre la esclava nubia y, sin salir de su estado casi hipnótico, comenzó a besarla. Lo hacía con voracidad, apasionadamente. La nubia se quedó sin aliento. Tenía miedo de despertar a la otra. Y acaso, aunque no se lo confesara, también disfrutaba con ese inesperado encuentro.”

“La boca de labios encendidos bajo por el cuello, por los hombros, hasta alcanzar los pechos. Con asombro, la esclava nubia sintió que sus pezones eran apresados como si fueran los de un hombre. Y le pareció, en efecto, que su pecho era ahora liso y masculino.”

“La manos de la griega estaban firmemente ancladas en la cintura de su compañera. Los cuerpos, cálidos, cubiertos de sudor, parecían confundirse por momentos. Casi inconscientemente, las piernas de la mujer poseída se abrieron. Como si esa fuera la señal, la boca en llamas se deslizó por el vientre empapado y se apoderó de su sexo. Una vez más la nubia tuvo la sensación de que la morena devoraba su vulva como si fuera un pene. Y tan real era esa sensación que sintió la dureza de un miembro erecto naciendo de sus muslos.”

“Las manos de la griega se clavaron en los hombros de la nubia. Un violento temblor sacudió los dos cuerpos, un gemido ronco indicó la proximidad del clímax.”

“La explosión fue simultánea. Una mezcla de goce y de agonía. En algún momento se dio cuenta que ya no sentía el peso de aquel cuerpo. La morena, pequeña y vivaz, estaba de pie, al lado de la cama. Los ojos, como antes, seguían fijos en un punto indiscernible. No había salido del trance. Sus labios musitaron algo que no alcanzó a comprender. Después vio que giraba y se iba en silencio.”

“Creyendo ser víctima de una alucinación, la nubia palpó su cuerpo y un espasmo la sacudió cuando sus manos, ahora más grandes y más fuertes, sintieron sus nuevas formas, las formas inequívocas del otro sexo. Casi loca de terror se levantó, se puso una túnica cualquiera y huyó por el desierto, la noche devoró su cuerpo de guerrero.”

“A la mañana siguiente, la morena bajo un poco tarde. Parecía flotar y su rostro irradiaba un aire placentero. Las otras lo advirtieron en seguida y le preguntaron si ocurría algo. A diferencia de su conducta habitual, ella respondió con sonrisas y con mieles.”

“Anoche tuve un sueño”. Dijo sólo eso. Las otras se quedaron pendientes de ella que, a propósito, mantuvo su mutismo. Al fin, una esclava pelirroja, natural del Asia menor, le preguntó con picardía: “estás segura que fue sólo un sueño”. Ella contestó con una sonrisa cómplice, como si dijera que lo dejaba librado a la imaginación de la otra. La pelirroja insistió en que lo contara, la morena dijo que el recuerdo era muy confuso. “Dinos algo”, dijeron varias a coro. Al fin, la esclava griega asintió con la cabeza. Se produjo un silencio expectante. Tras una pausa, con voz grave y melodiosa, pronunció dos frases, menos para las demás que para ella.”

“Anoche bebí en la fuente de la vida. Anoche fui iniciada en los misterios.”

Renato d´Herblay

Déjanos un comentario!