LENCERIA

Lencería sexy y transgresión


El poder erótico de la lencería sexy está basada en unos pocos trucos bien conocidos. El primero de ellos es el equilibrio mágico entre esconder lo que habitualmente se muestra y de exhibir lo que habitualmente está oculto. Pero esto pasa no sólo con la lencería, también ocurre cuando una mujer sabe valorizar su busto en un buen escote o lucir piernas con prendas cortas (sobretodo faldas y vestidos) de tirar el aliento. La ropa interior hace lo mismo: realza los atributos sexuales y disimula posibles imperfecciones.

Además, en este juego también entran la transgresión de tabúes y la insinuación. Ya no es simplemente el encuentro erótico en sí lo más importante, sino también la puesta en escena de la mujer, sus ganas de quebrantar lo convencional, lo preestablecido, de violar un precepto (el de que las “chicas buenas” no deberían hacer ciertas cosas…). Eso explicaría el hecho de que muchas mujeres consideradas “recatadas” a la simple vista, casi siempre desvelen deliciosas sorpresas a sus amantes a la hora del sexo.

Uno de sus principales beneficios de la lencería sensual es aumentar la autoestima femenina. Cuando se eligen prendas que gustan y sientan bien, esto automáticamente las hace sentirse guapas y sensuales, y como consecuencia las llena de seguridad para el esperado encuentro íntimo. Así, lo que podría parecerle una imperfección en su cuerpo se esfuma al resaltar alguna otra parte que la hace sentir más atractiva. La ropa íntima sexy estimula la vista, los sentidos y genera placer de forma automática. Pero además sirve para indicar que la mujer se  preocupa por su amante, que le gusta el juego y que se anima a explorar aspectos esenciales de toda buena relación sexual.

La simbología de los colores asume gran protagonismo: el rojo es el color de la pasión y el romanticismo; el negro es el misterio, la lujuria y la explosividad; el azul o el violeta simbolizan la imaginación y la juventud; los tonos pastel evocan dulzura e inocencia y el blanco es símbolo universal de inocencia y virginidad. Aunque poco de inocente y virginal habrá en una encuentro erótico cuando una mujer va vestida para matar…de placer.

Fuente: sexualidad.picardias.es

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