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El placer y la conciencia


Se nos ha enseñado con nuestra educación a reprimir nuestra necesidad de placeres y por consiguiente a reprimir los impulsos naturales del cuerpo, lo cual conduce a una separación entre el cuerpo y la mente.

No nos consentimos el disfrute ni siquiera de los placeres más sencillos que tenemos a nuestro alcance, y la emotividad padece las consecuencias del no hacerlo.

El placer y las emociones son la raíz del deseo y a través de éste creamos el movimiento y el movimiento permite que ocurran los cambios.

La conciencia progresa a través del cambio y sin ello sería imposible un crecimiento personal y espiritual.

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