Malena es un nombre de tango

Malena es un nombre de tango


“Malena es un nombre de tango”, novela de Almúdena Grandes (1994), presenta a lo largo de toda su novela, pero sobre todo cuando la protagonista describe los encuentros con su primo Fernando en el pequeño edificio donde se guardaban las hojas de tabaco, un ritual -“liturgia” es el término que emplea la escritora española- en el cual, el espacio es tan importante como la acción misma:

“Fernando enmudecía mientras me desnudaba con dedos torpes de la violencia que los recorría, un fluido más impetuoso, más veloz que su propia sangre, y yo me dejaba despojar hasta el último de mis velos transparentes y callaba con él […]” (208), y la contemplación: Los ojos de mi primo se anclaban en mi sexo con la morbosa complacencia que genera el vértigo, y simulaban una imposible neutralidad para escrutar desde una distancia todavía segura el hueco donde su dueño se perdería a ciegas apenas unos segundos después, pero que aún le inspiraba un terror instintivo, digno de la más tenebrosa de las ciénagas, y yo retenía su miedo como garantía, porque jamás le poseería tan completamente como entonces, mientras afrontaba mi cuerpo como un destino turbio y peligroso al que sin embargo se sabía irremisiblemente abocado (209).

En Malena es un nombre de tango, además de considerar el hecho de desnudarse como una acción decisiva, ya que al oponerse al estado de existencia discontinua es el “emblema de la desposesión” y “si no un simulacro, una equivalencia sin gravedad del acto de matar” (Batailie, 31), precisa el autor francés que “La desnudez, opuesta al estado normal, tiene ciertamente el sentido de una negación. La mujer desnuda está próxima al objeto de la fusión, que ella anuncia. […]. Antes que nada, de esa desnudez, lo que se revela es la belleza posible y el encanto individual […]”. (Batailie, 183-184).

En Batailie la desnudez se asocia a la mujer como objeto erótico. Sin embargo, la escritura femenina aporta un sentido suplementario que va más allá de la teorización masculina acerca de la desnudez y su significado.

En Malena es un nombre de tango , la mujer -Malena- aparentemente pasiva (pues parece ofrecerse como objeto, diría Georges Batailie) en el primer fragmento citado, en realidad ejerce un enorme poder; en primer lugar, por el deseo que inspira (los ojos del primo se anclaban […])• Fernando se ve desplazado desde el lugar protegido de la contemplación (distancia todavía segura), pero ya presa del vértigo, hacia el terror de su destino ineludible (la más tenebrosa de las ciénagas, el destino turbio y peligroso). El miedo de Fernando es la garantía del poder de Malena, quien espera a su compañero como el Minotauro a quienes se aventuraban en el laberinto. Se da, casi subrepticiamente, una inversión de los roles presupuestos por la tradición occidental.

El erotismo implica trascender lo puramente sexual, sin descartarlo. En la escritura femenina es, todavía más que en el caso de los escritores, sinónimo de subversión. Y ello porque, desde su posición del Otro, las mujeres representan -para la subjetividad masculina-, entre otras cosas, la sexualidad no regulada y constituyen el sustrato simbólico para todo lo reprimido y sancionado (Guerra, 13). Las mujeres, en la escritura tradicional masculina, son objetos eróticos, pero en la escritura femenina la gama de posibilidades es mucho más rica. Puede ofrecerse como objeto erótico, pero con ciertas modificaciones que obligan a repensar los roles tradicionalmente adjudicados a las mujeres.

Raquel Gutiérrez Estupiñán  – Escritura femenina y erotismo

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