desear

¿Podemos desear lo que ya tenemos?


Estupinyà nos convoca en su libro la Ciencia del Sexo a  reflexionar sobre qué pasa con el desear aquello que ya tenemos: “Hay una pregunta casi de carácter filosófico que afecta en lo más profundo a algunas de nuestras preocupaciones o insatisfacciones cotidianas: ¿podemos desear lo que ya tenemos? Reflexionad bien sobre ella.

A mí me resulta inquietante. Es obvio que podemos apreciar, admirar, disfrutar, cuidar, añorar, proteger, deleitarnos, preferir, querer, amar…pero ¿desear con todas nuestras fuerzas algo que ya tenemos por seguro y sin riesgo a perder?

Claro que sí podemos. Pero es más complicado porque no se activa el circuito neurológico de la búsqueda y la motivación, no hay dopamina y serotonina fluctuando entre una parte y otra de nuestro cerebro generando descargas emocionales de ansiedad, premio y satisfacción.

Es cierto que la dicotomía entre desear y tener no se aplica igual a todos los estímulos, costumbres y personalidades individuales pero cuando se refiere al sexo, todos los terapeutas sexuales que he consultado aseguran que el problema más frecuente que tratan en sus consultas es la pérdida de deseo e interés sexual dentro de la pareja.

Ayudar a afrontar implica bastante tiempo, pero definitivamente el sexo dentro del matrimonio preocupa más que el sexo extraconyugal. Y no es solo cuestión de que la relación esté en crisis.

Muchas son parejas que se quieren y se adoran con devoción, pero han perdido la pasión, la atracción o la química sexual entre ellos…la falta de sexo no es necesariamente un problema, y esto es un matiz importante! Y no hay cupos, referencias o presiones externas que valgan. Lo importante es la satisfacción.

Hay infinidad de parejas para las que la sexualidad ha pasado a un segundo plano y son muy felices disfrutando de otras dimensiones de la vida, y ninguna de las partes siente que les falte algo ni a ellos ni a la relación.

Pero también hay muchas parejas que antaño disfrutaron de una vida sexual formidable, todavía se sienten vigorosos y teniendo fantasías, pero la pérdida de deseo entre la pareja genera tensiones, desidia y notan que está pasando factura a la relación.

Es un problema frecuente e importante para el bienestar individual y de pareja, como difícil de abordar científicamente. Plantear un diagnóstico y terapia ante una pareja que ha perdido el deseo tiene- de momento- más de arte que de ciencia. Hay una tendencia creciente a trabajar más el erotismo y la sensualidad que la función y la práctica sexual en sí.

El sexo por deseo es mucho mejor que por placer”, señala Estupinyà.