meditación

¿Es recomendable para todos la meditación?


El factor común de cualquier forma de meditación es la concentración mediante la respiración. Pero son muchas las personas que, pese a concentrarse durante largos períodos de tiempo en diversas actividades y preocupaciones de su vida cotidiana, sin embargo no llegan a experimentar los efectos benéficos de la meditación.

El factor clave, por tanto, debe residir en el modo como uno se concentra durante la meditación. La principal diferencia parece residir en el hecho de que, durante la meditación, uno es consiente del acto de concentrarse. Pero hay algo más, uno también cobra conciencia de las distracciones que interfieren con el estado observado de concentración y deliberadamente las ignora, en un intento de no quedar atrapado en ellas. En resumen, la conciencia es utilizada para proteger el acto de concentración consciente.

Además, hay que añadir que, durante la meditación, el objeto de concentración difiere de aquellos otros en los que las personas habitualmente se concentran durante sus actividades cotidianas. El objeto de la meditación vipassana, por ejemplo, está puesto en la propia respiración y en la observación cuidadosa de todos los estímulos externos e internos que entran y salen de continuo de nuestro campo de conciencia. En la meditación zen, el foco puede hallarse en la propia respiración o en una silaba o frase que encierra un koan, pero además también se ignoran las distracciones externas e internas, para que toda la atención pueda dirigirse hacia el objeto de concentración elegido.

Durante la meditación, la energía psíquica se retira de su flujo habitual entre nuestros impulsos, fantasías, pensamientos, sentimientos, defensas, personas y se transfiere al esfuerzo de concentración o al objeto de concentración. Lo mismo podría decirse de la práctica de la “atención plena” mindfulness, que consiste en cobrar conciencia de lo que uno está haciendo en cada momento, aún cuando no esté meditando. La mayoría de nosotros tenemos que vencer la tremenda resistencia impuesta por el cuerpo y el psiquismo para mantener una forma de ser inducida y mantenida artificialmente. Va contra nuestra tendencia natural no sumirnos en las fantasías y actividades y permanecer consientes continuamente. Existen estudios que indican que entre los occidentales -especialmente- la meditación puede llegar a empeorar las cosas, en cuyo caso, la tensión, la ansiedad y la depresión pueden emerger como poderosos impulsos (fruto del miedo, el enojo, la agresividad y otros.

Normalmente podemos mantener a raya todas estas fuerzas perturbadoras del psiquismo con ayuda de los mecanismo distractivos y represivos, pero el tema es que durante la meditación, que va acompañada de un centramiento de la atención y de la eliminación de las distracciones, los contenidos del inconsciente suelen aflorar a la superficie y distorsionar la conciencia. Muchos abandonan la práctica de la meditación, pues en sus estadios iniciales, la meditación puede oponerse a sus objetivos declarados (ecuanimidad, serenidad, claridad y totalidad), el abandono es una estrategia sabia y adecuada para aquellas personas que corren un peligro real y conviene emprender terapia.

Hay otros, que sin embrago, pueden soportar perfectamente este asalto y atravesar pacientemente “la noche oscura del alma”, hasta que finalmente, las cosas empiezan a aquietarse y, del mismo modo las emociones acaban domesticándose, en cuyo punto la persona empieza a impregnarse de sentimientos de beatitud, serenidad y paz interior.

Referencia: Ensayo: La meditación zen como camino de individuación y curación, V.Walter Odajnyk.

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