El sexo sentido, por Jordi Clotas, Cap.3


Cap. 3: Gatos pardos

Rebeca y Jorge no se han molestado demasiado esta vez en preparar una cena decente. “Lo importante es el postre”, se excusa sin que nadie se lo pida nuestro previsible anfitrión. Candi sonríe con una mueca forzada y vuelve a ensimismarse detrás del humo de uno de sus insufribles puros. Rebeca se le acerca, se levanta la falda y se sienta encima suyo a horcajadas. El olor de su sexo incendia la mesa y Raúl me acecha, me planta su lengua en la boca y decido desconectar de la escena. No puedo seguir preocupándome por Candi cada vez que se viene abajo sin razón ni explicación alguna. Ágata se abalanza sobre Jorge, lo agarra por el brazo y él se deja arrastrar hasta el sofá. Escucho sus gemidos. Cada cual a su presa. No hay tiempo que perder. Pongo mis cinco sentidos en la lengua de Raúl, lo separo violentamente, le desabrocho el pantalón y me sirvo, sin permiso y sin preguntas. El guion es demasiado familiar. Todos sabemos a lo que hemos venido. Cenar es, una vez más, un simple pretexto. Intento olvidarme de esa carne requemada, que abandono definitivamente en el plato, y cambiarla por carne cruda y húmeda, viva… pero no logro concentrarme. Soy imbécil, y sigo pendiente de cómo evoluciona el gesto de Candi, que continúa inmóvil e impasible ante la ceremonia de cortejo de Rebeca hasta que violentamente la coge en volandas, se la quita de encima, la aparta de su camino y se justifica. “Voy a fumar al jardín. Aquí empieza a haber demasiado humo. Seguid a lo vuestro”. Rebeca ensaya una sonrisa de conformidad poco creíble, lo observa mientras se aleja, se encoge de hombros, mira el escenario y apuesta por un trío con su marido y Ágata. Me siento avergonzada, acelero la intensidad de mi entrega a Raúl y hago que se corra en un santiamén.

-Te toca a ti, Debi. Hoy estás radiante, fogosa. Mmmmmm. ¿Dónde está tu Candi?

-Voy a buscarle. Dame un respiro. Creo que necesito fumar.

-¡Vaya, srta. Débora! ¿Ahora fumas también? Veo que todo lo bueno se pega… jajajaja.

-Sí…. Ahora vengo. Necesito aire fresco.

La noche es preciosa. Miro al cielo y veo los Tres Reyes Magos, la pequeña espada del guerrero Orión, mi constelación preferida. Espadas y guerreros… tienen cierto aire freudiano. “¿Puedo?”

-Hola, Debi. Claro.

-¿Estás bien, Candi? ¿Quieres que nos vayamos con cualquier excusa? Les digo que no te encuentras bien y volvemos a casa. Lo entenderán.

-¡No! No… Estoy bien. No te preocupes.

-No estás bien, cariño. No es la primera vez. Has dejado tirada a Rebeca. Me parece poco cortés por tu parte. Creo que tienes algún problema.

-Mira, Debi… Empiezo a estar un poco cansado de tus juicios morales… o inmorales, ya no lo sé. Rebeca ya se las apañará. Tranquila, que no se quedará sin su buen par de polvos. ¿O es que piensas que nos han hecho venir aquí para mostrarnos sus habilidades gastronómicas? La comida ha sido repugnante. No soporto que me dirijan. Era todo tan previsible….

-Vale… ya veo. Por cierto, guarda esta tarjeta. Me la dio Jorge la última vez que cenamos. Preferí no decirte nada, pero ahora creo que te puede ser útil. Fuma tranquilo. Voy para adentro.

-¿De quién es esta tarjeta? ¿”Rut Bel”? ¿”Sexóloga”? ¿Quién es Rut Bel? ¡Debi!

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