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Tango, inmigración y sexualidad en Buenos Aires del 900


“Buenos Aires en 1900 no es reconocible. Tiene su rostro desfigurado por habitantes extraños que bajan de los barcos, que ocupan las calles y se instalan en casas abandonadas. La peste de 1871 dejó vacías y a su disposición las enormes propiedades que las clases dominantes poseían en San Telmo, quienes, ante el temor a contagiarse deciden emigrar hacia el norte y fundar nuevos barrios y, entonces, nuevos cercos.

Lo que hasta entonces servía para albergar a una familia “bien”, se convierte en una verdadera ciudad con nombre propio, el “conventillo”, hecho de decenas de habitaciones, de idiomas y de costumbres, reunidos todos alrededor de un patio central que va a servir de ágora para fundar una identidad de síntesis.”

“El inmigrante en suelo argentino amplía el mundo. Las fronteras ya no son las del país colonial, endebles por entonces y en proceso de definición, sino las de todo el globo. Por lo tanto no hay fronteras sino arrabal, costado, margen. La frontera es una cuestión para el siglo XIX que la llegada del inmigrante hace desaparecer como problema.

Buenos Aires está invadida, la población se cuadriplica en poco tiempo, una estadística impensada por las elites gobernantes. Otras costumbres, otro sonido, la diversidad desespera a la aristocracia gobernante, a Mitre, a Roca, a Ramos Mejía y se aplican a un modelo de nacionalismo positivista: la aldea está invadida y la nación se pierde.

Ven necesario unificar la lectura de nuestra historia, elaborar los primeros mapas, extender los límites, matar al indio y ocupar las tierras con verdaderos latifundios, escribir novelas para explicarnos y decirnos quienes somos…Aquella vieja razón positivista , que veía a la ciudad como el ideal de salubridad y progreso y al campo como la barbarie, se invierte.

Se trabaja sobre la higiene pública en la metrópolis, se draga el puerto, se cavan cloacas, se fundan hospitales y dispensarios a granel. Pero es necesaria la tradición frente a la poligamia cultural que ofrece el inmigrante. Recluirse, pensar en la tierra, hacer pie políticamente sobre el imaginario de la oligarquía terrateniente, y sobre ella, construir un modelo de identidad nacional.

Por ello, el tango, como la primera expresión de esta mixtura cultural inmigratoria, edifica una idea de comunidad de sentido alrededor de aquellos temas que comprometen la existencia singular, comunidad de individuos y no de ciudadanos, tal como decía Borges.

Tango

Piazzola

A diferencia de otros folclores, donde las letras describen el sentimiento y el orgullo de pertenencia a un lugar propio, el tango no escribe una identidad geográfica sino afectiva, de relación, de vínculo.

Se baila el deseo sexual; después se versifica la pobreza, el amor, la amistad, la madre, la traición…La cartografía sobre la que se funda no es la abstracción de la belleza de un paisaje ni la pertenencia a una tierra sino el lugar del encuentro social, primero en la dicha prostibularia, más tarde en el café, en la mesa que reúne, el barrio, la esquina, el espacio público compartido alrededor del cual se organiza una comunidad afectiva y moral.

El tango no es reactivo; no aparece como expresión de los márgenes frente a la discriminación de las elites, el carácter erótico de su baile no es una respuesta a la moral sexual imperante, ni sus letras dan cuenta del rencor del marginado social.

Es una expresión plástica que aparece, junto a otras expresiones (el teatro popular o los partidos políticos de masa), como un modo de fundar nuevos valores, como el sonido inicial de una clase que se está inventando a sí misma, que abrirá una brecha entre la burguesía acomodad y la pobreza, entre la civilización y la barbarie.

Las tradiciones culturales que los inmigrantes arrastraban de sus países de orígenes se ven mezcladas con otras: El piamontés está obligado a mantener vínculos sociales con el turco, con el polaco o con el francés. No hay entre ellos una argamasa que los reúna: ni la historia, ni las tradiciones, ni la religión, y mucho menos un lenguaje común.

El tango es el efecto musical de esta mixtura, un calidoscopio italiano, español, judío, francés, alemán, africano. Pero no quiere decir que se trate de un sincretismo de saberes sino de una fusión de vivencias, de cosas, de instrumentos y de cada cultura tomará aquello que necesite. Todo es foráneo: el bandoneón, el baile de agarre, el nombre mismo. Salvo la milonga campera, de la que el tango se nutre principalmente en ritmo, el resto de los elementos que le dan vida encuentran su raíz en el mosaico migratorio.

El tango será el modo de construcción de una identidad de origen fragmentario, un edificio compuesto de sexualidad prostibularia, de alegría, de diversidad. Y después de nostalgia, de conventillo y moral, de soledad y extrañamiento. Tiene muy poco o casi nada de la Argentina anterior a 1880.”

Referencia Gustavo Varela, 2004, Tango y sexualidad

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