Construir la masculinidad a través del tacto

Construir la masculinidad a través del tacto

No hay nada más profundo que la piel en el ser humano. La piel y el cerebro tienen un origen común ambos proceden del ectodermo y siempre mantendrán a lo largo de toda la vida una relación estrecha y vital.

Cuando damos un masaje estimulamos en primer lugar la piel, tocamos, rozamos, presionamos la piel y ello produce un sin número de efectos: se activa la circulación periférica, se mejora el trofismo (nutrición, el desarrollo y la conservación del tejido) de la zona, aumenta la temperatura local, se estimulan los nervios cutáneos lográndose un efecto de sedación, relajación o tonificación según el tipo de masaje aplicado.

La piel cambia de aspecto luego de un masaje, aparece más viva, más elástica, y parece experimentar un proceso de regeneración tras el masaje.

Durante mis años de trabajo corporal por medio del masaje, me han llegado clientes (hombres) quienes tienen dificultad para conectar con su ser íntimo, y en particular con su pareja, o sienten que les falta una conexión con su cuerpo, lo cual da como resultado que viven con mucha ansiedad (angustia), o bien, no saben cómo canalizar sus propias sensaciones y emociones.

Lo que me conmueve de estos casos es la gran honestidad de la situación que plantean y su esfuerzo por ir a praxis corporales en búsqueda de mejorar su conexión con el cuerpo, con el sentir y es una acción un tanto difícil que suele conllevar el admitir su propia vulnerabilidad.

¿Cuántos otros se mantendrán callados…… aquellos que no sepan cómo conectar o con quién hablar?

Muchas de las personas que vienen a verme, especialmente hombres solteros y casados de más de 40 y con familia, están de alguna manera hambrientos de tacto. Una diferencia de género es que los hombres no suelen saber eso. En comparación con otras culturas, los europeos al igual que los americanos no son gente que toquen.

No suelen recibir ninguna terapia de tacto, y un bajo porcentaje de personas recurre a terapias corporales. En la línea del trabajo de Sexological Bodywork y en el Masaje Tántrico siempre que toco a una persona, ésta te toca recíprocamente.

Aquello que hace a un trabajad@r corporal más sensible que otro es justamente que puede leer los mensajes que les llegan del cuerpo del otro, así que suelo saber acerca de tensión en el cuerpo, o tan solo saber cuán profundo he de tocar para obtener el mayor beneficio: es en pocas palabras una escucha mediante el tacto y el silencio.

Es el sentir con el otro, lo que da la calidad de profunda conexión en una sesión de masaje tántrico y Sexological BodyWork.

A nuestra cultura le falta palabras al lenguaje para expresar la sensación así como para el mensaje de ida y vuelta que ocurre entre una  masajista y un cliente. A falta de lenguaje, tal vez conozcas algo sin estar consciente de que lo sabes, ya que no lo puedes expresar, ni a ti mismo siquiera. Y los mensajes van de ida y vuelta muy a menudo. Puedo sentir el tacto impactando y fluyendo desde el cliente de forma abundante.

Pero ocurre que el cliente, al contar con prácticamente cero lenguaje aplicable, tan solo podría conocer, o expresar, que él o la masajista es “bueno/a”. Ellos no saben que están enviando mensajes, todo esto ocurre sin el lenguaje hablado. Tan solo piensa en cómo el prestar atención y ser consciente de esto podría cambiar la forma en la que das y/o recibes un masaje o una sesión de BodyWork.

Muchos adultos que no tienen niños pequeños asocian el tacto ya sea con lo sexual o el dolor. Pero el tacto comunica miles de cosas: la forma del cuerpo y la conexión de sus partes, las emociones, pensamientos y patrones en movimiento, la sensación de la piel como un contenedor suave y fuerte, y la sensación de tensión sostenida en partes del cuerpo (los patrones de tensión siempre son una respuesta a retos que enfrenta la persona en el ambiente o en la memoria). El tacto de alguien más bien podrá ser un alivio, un recordatorio, o una invitación a “intentar más suavemente” en vez de más intenso, un descanso de la vigilancia, la expresión no-verbal de consideración humana, y muchas cosas más.

En nuestra cultura, los adultos mayores así como los adolescentes son los menos tocados (piensa en las implicaciones), pero los hombres suelen estar, por lo general, privados del tacto, y el tacto entre los hombres, y cualquier tipo de intimidad, así sea en actitud y a la distancia, se ha asociado políticamente con la homosexualidad. Y el concepto, reforzado a lo largo de la infancia y aún en la adolescencia y vida universitaria y profesional, de que el tacto en sí es una forma de depreciación y que hemos de protegernos de tal, y que el tocar a mujeres u hombres trae problemas.

Para finalizar, los hombres obtienen mucho menos experiencias de terapia de tacto de lo que ocurre con las mujeres. De hecho, los hombres americanos en particular, no tocan ni obtienen nada de tacto más allá del contexto del sexo, el deporte o la violencia. En nuestra cultura europea, el tacto entre los hombres resulta particularmente un tabú, o cuando menos algo sospechoso. El concepto de recibir tacto diseñado, orientado y consciente para relajar podría resultar amenazador para algunos hombres, especialmente si el tacto lo proporciona un hombre.

Retirarse del cuerpo es retirarse de la sensación, y el retirarse de la sensación es retirarse de lo que somos. Un retiro de nuestro cuerpo es un retiro del sentir, y en consecuencia apartarse de la intimidad y la empatía.

Referencia: http://upliftconnect.com/how-lack-touch-destroying-men/

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