Erotismo y placer


Erotismo y placer se observan a lo largo de la historia de la humanidad y se puede observar tanto en la filosofía como en sus legados culturales y artísticos .

“La actitud hacia el placer proporcionado por la estética describe muy bien el carácter hedonista del pueblo mediterráneo, siempre dispuesto a dejarse llevar por los sentidos.

Quizá por ello, en tiempos de Homero, la palabra griega para amor designaba no sólo el deseo sexual sino el apetito de comer y beber, y servía para describir cualquier impulso relacionado con el placer de la vida (idoní). Un temperamento así es propio de una raza sensual que canta a la vida y especialmente al amor.

El filósofo Empédocles decía que en los tiempos más remotos, la humanidad veneraba a la diosa del amor y estaba tan libre de hipocresía que las leyes parecían hechas para que el individuo disfrutara de la vida, no para amargársela.  También, Píndaro, sin cortarse un pelo, decía que en primer lugar hay que buscar la felicidad y luego la reputación”.

“En el marco de esta filosofía es lógico que cobrara especial importancia el simposio o banquete, una institución masculina que congregaba a los amigos para beber ceremoniosamente.  De algunos salieron tratados de filosofía; pero otros sólo aspiraban a la diversión y expresión vitalista de la alegría.  Los invitados eran recibidos por esclavos que los coronaban con guirnaldas de hiedra, los descalzaban y lavaban los pies.

Luego los conducían al comedor donde se reclinaban en divanes en tomo a unas mesas bajas con manjares.  Cuando todos se habían saciado llegaba el vino.  Lo ideal es que el encargado de organizar el banquete mantuviera a todo el mundo en el punto óptimo de su euforia etílica.

La cultura del “término medio” exigía que no estuvieran demasiado alegres, ni demasiado melancólicos, para no arruinar la fiesta.  Para ello se aguaba el vino.  Beberlo sin rebajar era, según Homero, “beber a lo bárbaro”.  Y Platón también recomendaba beberlo moderadamente porque en exceso “hace aflorar los malos instintos”.

En relación al erotismo o arts erótica”Aristófanes nombró doce posturas sexuales fundamentales en un pasaje de “Las ranas”, llamándolas “las posiciones de Cirene”, aunque los griegos conocían muchas más.  Un manual célebre que recoge muchas de ellas es el atribuido a la hetera Elephantis, a la que alude el historiador Suetonio al hablar de los vicios del emperador Tiberio en Capri.  En el Renacimiento italiano, la imitación de los libros de posturas griegos dio lugar a otros manuales la colección de dieciséis láminas que reproducen otras tantas posturas sexuales acompañadas de los sonetos explicativos de Pietro Aretino.  Se cuenta incluso que existe también un catálogo de posturas homosexuales que se conserva en un manuscrito de la Biblioteca Vaticana.”

“También el arte romano, en el que abundan menos las escenas de homosexualidad, aparte de algunas lámparas con escenas sexuales, parece que el tema fue tratado de forma más humorística, nos ha dejado numerosas escenas de actividad heterosexual, diseñadas sin duda para dar alas la imaginación de los clientes en los prostíbulos o de los convidados a los banquetes, a los que también asistían heteras.  En definitiva, de las fuentes materiales que la arqueología nos ha proporcionado podemos concluir sin ninguna duda que los hombres que vivieron hace más de dos mil años en nuestro familiar Mediterráneo no tenían el miedo al pecado sexual que ahora tenemos nosotros, Y de su cerámica, cuya decoración reproduce escenas masturbatorias muy notables, se deduce también que el autoplacer les parecía un desahogo cómodo y natural.”

“Existen raras alusiones directas a la masturbación femenina, pero parece que griegas y romanas usaban mucho del consolador (ólisbos) cuya presencia es común en las ilustraciones de cerámica.  Así, en un cuenco de Panfeo, perteneciente a las colecciones del Museo Británico, se ve a una hetera desnuda que sostiene dos ólisbos.  Y en otro, procedente del taller de Eufronio, se ve una dama que se introduce en la vagina uno de estos artefactos. Un objeto ovoide, visible en las cerámicas, y que lleva la mujer en la mano es una aceitera, que servía para lubricar el falo.”

“Algunos han querido ver en estas escenas las fantasías sexuales del varón, principal autor y consumidor de esta cerámica pornográfica.  Ya se sabe que el hombre arrastra el prejuicio machista que lo lleva a asociar el placer femenino con el falo, pero lo cierto es que en Mileto existían numerosos y reputados fabricantes de consoladores que exportaban sus productos a todo el mundo griego y también al bárbaro.  Mientras que de la masturbación lésbica digital sólo se ha hallado un testimonio pictórico en una copa del genial pintor Apolodoro (fechada hacia el 500 a. de C.) que se encuentra hoy en el museo arqueológico de Tarquinia.”

“Como no podía ser de otra manera en un pueblo que ama el placer sexual, los griegos eran totalmente contrarios a la castración, practicada por el pueblo oriental y adoptado después por los romanos.  En cambio, apreciaban mucho el órgano masculino bien formado. Y también veían con extrañeza a los pueblos circuncisos como egipcios, orientales y semitas.  Ellos admiraban el prepucio largo, porque permitía infibularlo, una operación bastante frecuente que consistía en echar el prepucio para adelante lo que diera de sí para atarlo con una cuerdecita o una banda como si se tratara de la boca de un saco. Entre los romanos la infibulación era utilizada con fines distintos.  Algunos amos celosos gustaban de instalar un pasador o anilla fija en el prepucio de sus esclavos domésticos en edad de merecer para evitar que pudieran copular con el ama, hijas o esclavas de la casa.  Es seguramente uno de los antecedentes más claros de lo que hoy se conoce como “piercing”. “

Referencia: http://www.leopoldoperdomo.com/erotismo.html