Fetiche, fetiche mio…


La palabra fetiche viene del término portugués “feitiço”, que significa “hechizo” y fue dado a conocer en Europa por el erudito francés Charles de Brosses en 1757. En el siglo XIX, Karl Marx lo utilizó para describir el hechizo de la mercancía como un componente importante del capitalismo. Pero fue Sigmund Freud quién utilizó por primera vez este concepto para describir una forma de parafilia, que es cuando la fuente predominante de placer no se encuentra en la cópula, sino en alguna otra cosa o actividad que lo acompaña.

Así pues, los fetiches son objetos, partes del cuerpo, personas, actividades, que producen en algunos individuos mayor placer y excitación sexual. El fetichismo se utiliza como herramienta de juego en el ámbito de los amantes para cambiar el repertorio sexual que se vuelve monótono con el tiempo. Podría decirse que lo que en otro tiempo se comprendía como una enfermedad psicológica, hoy en día, en muchos casos, es parte de una conducta para evitar el aburrimiento y promover con la fantasía más erotismo. Como para gusto, los colores, en el universo fetichista hay infinidad de ejemplos, pero tomemos algunos de los más populares:

Lencería: el fetiche con la lencería puede consistir en desear oler, tocar o ver a determinada persona con ropa interior. Éste fetiche está relacionado directamente con el sexo.

Pies y zapatos: son de los que más aceptación tiene entre los hombres, principalmente. Los tacones y los pies de la mujer, así como las medias tienen una legión de adoradores que se estremecen de placer con nada más ver su objeto de deseo.

 Cuero: en el mundo entero existen tiendas, clubes y convenciones dedicadas entera y exclusivamente a la exploración de este material dentro de los juegos sexuales. Incluye látigos, máscaras, correas y demás objetos para el placer de quienes los compran y usan.

Exhibicionismo: es muy común entre los famosos, pero entre los “anónimos” también se encuentra un gran número de “incondicionales”. Se trata de mantener relaciones sexuales en lugares públicos, en grabarse, fotografiarse, para ser visto por los demás. La simple posibilidad de ser “pillado” excita por sí sola.

 Lluvia dorada: orinar y ser orinado por la pareja antes o durante el sexo.

Como mencioné antes, aquí pongo apenas los ejemplos más populares, pero todavía nos queda mucho por probar. Y aprobar.

Fetichistas de pies a cabeza

Los fetichistas son una sociedad que prueba y experimenta constantemente y no se puede recurrir solo a experiencias de la infancia y adolescencia para explicar sus preferencias. Hay mucha literatura científica que sugiere que las primeras referencias de placer sexual pueden tener un impacto importante en el desarrollo de la sexualidad, y que el condicionamiento clásico pavloviano puede contribuir a reforzar qué consideramos erótico. ¡Y esto vale para todos! No solo para los fetichistas.

Sin duda el condicionamiento inicial en nuestra vida es importante en aspectos sexuales, pero lo es más todavía el condicionamiento pavloviano por repetición. Infinidad de estudios demuestran que aprender a masturbarse de una manera específica puede marcar para toda la vida, y que el tipo de prácticas y experiencias sexuales iniciales deja una huella, no necesariamente determinante, pero sí influyente.

Se constata que existe un periodo crítico en el desarrollo dela conducta sexual, asociado a los primeros deseos, masturbaciones, orgasmos o actos en pareja, que puede condicionar las preferencias de costumbres o características física en la elección de futuras parejas. El grado en que esto es más o menos flexible y si está detrás de algún fetichismo es algo que hasta la fecha ningún estudio científico ha establecido más allá de las especulaciones y casos anecdóticos.

Por tal, debemos saber que en nuestra especie los condicionamientos innatos quizá desempeñen un papel en lo más fundamental de nuestras preferencias sexuales, pero que después éstas son totalmente esculpidas por las experiencias, y que el concepto de fetichismo es muy amplio y hasta cierto punto una cuestión de grado.

La lógica de fondo es que, si por el motivo que sea, la exposición a algo o alguien nos provoca mayor deseo y placer, se puede generar una preferencia inconsciente que queramos repetir y que si va revirtiendo más placer a cada nueva exposición, en algunos casos puede quedarse en una simple preferencia, convertirse en un fetichismo sano o en uno obsesivo, lo cual es más complejo y sensible de tratar en este artículo.

Referencia:

Estupinyá, Pere, La ciencia del Sexo, Cpags.356-357, Editorial Debate, 2013

Fuentes:

wikipedia.org

bellomagazine.com

siempremujer.com

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