La caricia y su profundidad

La caricia y su profundidad


Una de las propiedades del acariciar es su lentitud. En la vida cotidiana, la fugacidad acarrea la superficialidad, la duración es condición de profundidad. La lentitud es condición de duración, como la rapidez causa de fugacidad. Así, en la caricia, la lentitud es la condición y la causa efectiva de una determinada profundidad.

A lo largo de las superficies del cuerpo, la caricia ahonda; no materialmente, desde luego. El amor de que es expresión la caricia se distingue del sexual por esta profundidad que puede vivirse incluso como in-finita.  La psique tiene la interioridad de la individualidad, pero no la intimidad de la personalidad.

La caricia en los masajes tántricos no requiere sólo un objeto que la reciba, requiere un sujeto que la perciba y comprenda, un sujeto que asienta y consienta en recibirla. Si el destinatario se resiste, no se puede acariciar o seguir acariciando, la caricia cae. La caricia propia y plena vence el pudor y la timidez y es un verdadero con-sentimiento, una literal simpatía.

La caricia requiere, crea un ámbito, un recinto de intimidad. La índole y extensión de esta intimidad la revela la esencial suavidad del acariciar, a la que debe contribuir tanto la mano que acaricia como la superficie acariciada. La suavidad de la caricia, su no apretar, su contentarse con deslizarse, con pasar fugazmente, responde a una indisimulable, inequívoca renuncia a la posesión, a la unión carnal, y por lo mismo a una renuncia hasta a la identificación psíquica que se da en el amor carnal y sexual. El acariciar ni es fenómeno de contagio afectivo ni puede ser fenómeno de masas, porque implica dominio de sí, continencia, que va más allá del contenerse sexual.

Lo acariciado no es solo tocado, hablando con propiedad. No es lo aterciopelado ni la tibieza de esa mano dada en el contacto lo que la caricia busca. Es esa búsqueda de la caricia lo que constituye su esencia, por el hecho de que la caricia no sabe lo que busca. Este no-saber, este desarreglo fundamental es lo esencial en ella. Es como un juego con algo que se sustrae, y un juego absolutamente sin proyecto ni plan, no con lo que puede llegar a ser nuestro y nosotros, sino con algo otro, siempre otro, siempre inaccesible, siempre por venir. Y la caricia es la espera de ese porvenir puro sin contenido.”

Referencia: Emmanuel Levinas (cita extraída de “Totalidad e Infinito”, Sígueme, Salamanca, p. 82).

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