La corporalidad

La corporalidad en lejano Oriente

Desde los diversos enfoques del pensamiento del lejano Oriente, se entiende la corporalidad desde su unidad armónica con la mente y el espíritu.

Cultivar la unidad del conjunto corpóreo espiritual, es indispensable desde los ejercicios del auto-cultivo como el yoga y el zen. La meditación, la contemplación y los ejercicios físicos, así como el papel de la respiración son las maneras de cultivar cuerpo-mente-espíritu y a menudo se han empleado como recursos de prevención y terapia para mantener una buena condición de salud psicobioespiritual.

Hay que señalar que en el marco del pensamiento de Oriente, una manera de cuidar la vida humana, tanto como condición de la salud física como manera de vivir en el sentido ético, es tratar de vivir bien desde la perspectiva psicosomática, ambiental y comunitaria o social. En otras palabras, la finalidad de cuidar la vida en la tradición del auto cultivo no es solamente el bienestar de un individuo, sino que es también el bienestar en relación interpersonal, en la comunidad y de ésta con la misma naturaleza.

La iluminación o satori en la tradición del budismo zen es la unión del cuerpo-mente y el espíritu con la naturaleza, lo que hace tornar a lo natural al ser humano.

El mismo ejemplo se puede exponer para mostrar que la finalidad del entrenamiento (keiko) de las actividades físicas como el yoga, el tai chi o el chi kung, es para alcanzar unidad entre la técnica y el cuerpo-mente. En este marco, el sabio es uno que reconoce esa unidad desde sus experiencias. En la tradición de la cultura oriental es algo natural que un sabio, uno que supera el mundo de la normalidad mediante las prácticas o las formaciones del auto cultivo, tenga su bienestar del cuerpo-mente, sea un personaje virtuoso y lleno de longevidad.

En Oriente, se considera que la corporalidad, el cuerpo de cada individuo no es su posesión propia, sino que es un don de sus antepasados y la unidad entre tierra y mundo. Esto implica que cuidar el propio cuerpo significa una manera de corresponder a los ancestros por el beneficio de la vida que han otorgado. Se dice en japonés: “El ser humano ha recibido su propio cuerpo de sus padres. La actitud de cuidar de sí mismo para no destruirlo es el primer paso en la bús-queda de la piedad filial”. Esa afirmación es un elemento básico del pensamiento sobre la corporalidad del propio sí mismo en Oriente.

La importancia que tiene en las tradiciones del lejano Oriente la respiración, hace percibir la relación de convivencia entre la corporalidad y la misma naturaleza. En el marco de la medicina oriental, se considera que el flujo del “ki”, que circula dentro del cuerpo humano, fluye hacia fuera a través de los meridianos, sobre todos los puntos de las manos y de los pies llamados seiketsu. Este dato indica que la corporalidad es como un sistema abierto hacia fuera y es inseparable de la naturaleza.

Es decir, el pensamiento sobre la salud y la enfermedad oriental está fundado en la visión de la unidad corpóreo-espiritual, así como en la unidad de la corporalidad y la naturaleza.

Desde las tradiciones de Oriente, se acentúa la espiritualidad dentro de la corporalidad o dentro de la naturaleza. A partir de esa unidad corpóreo espiritual, se aborda la búsqueda de la esencia de lo humano mediante la práctica del auto cultivo. Por tanto, la transcendencia tiene dirección hacia adentro del ser humano, no hacia fuera o arriba: la unidad corpóreo espiritual es un camino a la metafísica a través de la metapsicología.

Referencia

La visión sobre el cuerpo desde las tradiciones del lejano Oriente. José Arlés Gomez Arévalo, Revista Pistis ¬ Praxis. 2014, 6(2). Curitiba.

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