¿La pintura genera sensaciones táctiles?


En la década de 1890 Bernard Berenson, mejorando la idea de Goethe de que una obra de arte debe “realzar la vida”, sugirió que, una forma de conseguirlo es que el artista nos haga imaginar que disfrutamos de sensaciones físicas genuinas cuando miramos una pintura o una escultura.

Berenson lo denominó “sensaciones ideadas”; tales sensaciones solo existen en la imaginación y las produce la obra de arte al hacernos advertir su ser y su vivir su vida. Berenson definió los valores táctiles como la más importante de las sensaciones ideadas.

La obra de arte genuina estimula nuestras sensaciones ideadas de tacto y tal estimulación realza la vida, como planteaba Goethe. La forma, que no debe confundirse con contorno, representa ese resplandor interior cuando llega a realizarse por completo.  La forma es el aspecto que realza la vida de las cosas visibles y forma no es sino otra palabra para los valores táctiles.

Escribe Berenson: “En todas las épocas y todos los lugares , siempre que una representación visual se reconoce como obra de arte y no como mero artefacto, no importa cuán compleja, inteligente o sorprendente sea , posee valores táctiles. Tal vez cuente con mucho más, lo que tiene mas o menos importancia o tal vez ninguna, pero para ser aceptada como obra de arte estos otros atractivos deben basarse en valores táctiles o estar en estrecha relación”.

En algunos pintores,  lo táctil es tan prominente que la obra casi se sale del marco para tocarnos. John Constable o Van Gogh es un claro ejemplo.

Marshall McLuhan habla de la televisión como esencialmente táctil y junto a Párker señala de forma convincente  que las implicaciones sociales, políticas, artísticas de lo táctil sólo han podido perderse a la conciencia humana en una cultura visual o civilizada que ahora esta disolviéndose en los circuitos electrónicos.

Cabe señalar que en algunas culturas el contacto visual se considera una forma de tacto.Se trata de una creencia muy antigua.En la India, en la época védica ( entre 1500 y 500 A.C) se creía que parte de la esencia de una persona podía pasar a través de los ojos y tocar y afectar a otras.

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