Sentir y Tocar

Sentir y Tocar


Tanto la verdad como la comunicación empiezan con un simple gesto: el tacto, la auténtica voz de la sensación.

El tacto cariñoso, como la música, a menudo plasma lo que no puede expresarse con palabras, no hace falta hablar, pues todo se entiende.

Las sensaciones tienen una cualidad tangible, lo que suele ilustrar el lenguaje con frases como “sus palabras eran como una caricia “o “fue un duro golpe para su estima”. Sensación, emoción, afecto y tacto son prácticamente inseparables. Las emociones, incluso cuando no están inducidas por el tacto, suelen tener cierta cualidad táctil.

Por lo general, se entiende por sensación lo que sentimos surgir espontáneamente del organismo como todo, uno se siente bien o mal, es un estado afectivo.

La mayor parte de lo que se denomina sensación parece estar compuesta por percepciones de complejas combinaciones de componentes táctiles tomadas principalmente de la piel, aunque también de las articulaciones, los músculos y los sentidos viscerales.

Lo que es claramente necesario para el desarrollo de la sensación humana es la satisfacción de la necesidades sensoriales, las funciones propioceptivas-vestibulares y los sentidos visuales.
Situada en el tallo cerebral, por encima de la medula espinal y extendiéndose hacia arriba, se encuentra la formación reticular, muy implicada en los cambios en el nivel de la conciencia, por lo que a menudo se la denomina sistema de activación o despertar reticular.

Es muy compleja y poco conocida, se sabe, entre otros aspectos, que es especialmente sensible a los estímulos táctiles. Cuando nos tocan por sorpresa, por ejemplo, se produce un incremento perceptible en el nivel de alerta, estamos activados, despiertos.

La estimulación táctil influye de forma importante en el tono emocional y en el margen de atención. La ausencia o las diferentes formas de tacto, afectan de manera singular al desarrollo de las personas.

Referencia: El tacto, la importancia dela piel en las relaciones humanas. Ashley Montagu. Ediciones Paidós. 2004.

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